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nuestro corazón esté libre para más amar a Dios Nuestro Señor y suspirar por los bienes imperecederos de la gloria. También la cari– dad con nuestro prójimo nos viene a enseñar Jesús, y es uno de los aguinaldos más gratos que le podemos hacer: el socorrer al pobre en todas sus necesidades en cuanto esté de nuestra parte. Otro de los aguinaldos muy gratos al Niño Jesús es, sin duda, el que le visitemos, siempre que buenamente podamos, en el santísimo sacramento del altar, y ahi precisamente es a donde debemos ir en busca de con– suelo en todas nuestras necesidades y a pedirle la gracia necesaria para servirle, y no caer nunca en desgracia y enemistad suya., Fray Gregorio estudiaba segundo año de sagrada Teología cuan– do escribió tan edificante carta a sus padres y demás deudos. Ya antes había recibido la tonsura y Ordenes menores. En la misma les participa que ha sido ordenado de subdiácono, de la manera más fina y consoladora, pues les dice: «Ahora voy a darles una noticia alegre, y es que si quieren oírme algún dia cantar en la misa solem– ne la epístola, lo ~ueden hacer, pues ya, por la gracia de Dios, estoy ordenado subdiácono. Seg.uramente que hubieran deseado saber que me ordenaba ahora por Navidad para... , pero como no sabíamos nosotros nada... y aun entramos en ejercicios sin saber de cierto si nos ordenaríamos, aunque se me hubiera ocurrido avisarles, no po– día ser ya., El 6 de junio de 1914 recibió la unción sacerdotal en compañia de otros ocho condiscípulos Capuchinos, celebrando su primera misa en la fiesta de la Santísima Trinidad. A los pocos días terminaba felizmente los estudios teológicos, dedicando después un afio más al estudio de la sagrada elocuencia, para cuya ciencia sentía atractivo y gusto especial, mereciendo en el examen alta ca– lificación. (Estadística oficial de lg. Provincia.) IV Profesor en el Seminario Serájico.-Al Colegio Interna– cional de Roma.-Se acentúan los escrúpulos.-Enter– medad del ·estómago. Terminado el curso de Elocuencia fué destinadO' el siervo de Dios, padre Gregorio, al Seminario Seráfico de El Pardo como profesor, especialmente de latín y literatura patria. Sus clases eran siempre amenas, animadas e instructivas, inSinuándose fácilmente en la in– teligencia de los alumnos, que le estimaban por su carácter sencillo, bondadoso, comunicativo y alegre. Pero no se permitía perder el 120

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